sábado, 20 de julio de 2013

ERNESTO SCHOO (12 de octubre de 1925 - 15 de julio 2013)


CULTURA.LA MUERTE DE ERNESTO SCHOO: ESCRITOR, CRÍTICO DE CINE Y DE TEATRO, TRADUCTOR Y GUIONISTA, ERA UNA DE LAS PERSONALIDADES MÁS DESTACADAS DE LA CULTURA. LO RECUERDAN, ENTRE OTROS, FERNANDO NOY, NACHA GUEVARA Y ALEJANDRO TANTANIAN
FUENTE:
http://www.gacemail.com.ar/notas.php?idnota=22521&idgacetilla=473
SCHOO MURIÓ A LOS 87 AÑOS. FUE DIRECTOR DEL TEATRO SAN MARTÍN ENTRE 1996 Y 1998, OBTUVO LA BECA GUGGENHEIM Y RECIBIÓ LA ORDEN DE LAS ARTES Y LAS LETRAS DEL GOBIERNO FRANCÉS.
EL ADIÓS A ERNESTO SCHOO

La muerte de Ernesto Schoo, quien falleció anteayer a los 87 años, sigue generando repercusiones. A lo largo de su extensa tarea como crítico teatral, en época del emblemático Instituto Di Tella fue siempre a ver los espectáculos de Nacha Guevara. En un programa que conducía Horacio Salas, Ernesto lo recordaba así. "Había ido a ver a Nacha al Di Tella y, si bien me había fascinado, le hice algunas objeciones a las canciones. Un día entro al Di Tella y en las escaleras me encuentro con Nacha, que me enfrenta con su estilo frontal característico. «¿Así que no te gustaron mis canciones? 

Entonces, ¿por qué no me escribís alguna?», me dijo. En ese mismo momento me fui a casa, yo vivía a dos cuadras del Di Tella, y escribí un tango en broma que se llamaba El colmillo, que tuvo un éxito tremendo. Era una de las primeras veces que se tomaba al tango en solfa. También escribí una milonga que aludía a la manía de cortarles el pelo a los melenudos en la época de Onganía, se llamaba La doble cero y le compuse otra canción que hablaba sobre la censura."

A muchas décadas de aquella anécdota, ahora es Nacha quien toma la palabra: "Se fue un amante del teatro, un hombre culto, sensible, a quien por esas cosas de la vida tuve la suerte de convertir en lyricist ... y de los buenos. Su palabra se extrañará...".
El universo Facebook seguramente le era ajeno a ese caballero de las redacciones. Sin embargo, varios creadores usaron esa herramienta para recordarlo. Lo hizo, por ejemplo, el poeta y performer Fernando Noy, figura que, como Nacha en los sesenta, tomó notoriedad a fines de los ochenta en tiempos parakulturosos . "Con Ernesto Schoo se nos va una época en la cual el teatro significaba un gran apostolado -escribió ayer-. Sagrada misión de dar respuestas a los misterios del mundo por medio de la escena. Siempre detrás de algún telón estará su sonrisa sabia, sus ojos de niño encandilado, su sagacidad y visión criticando en el mejor sentido y destino de esta palabra. Legítimo erudito. Maestro sin alardes. Un lujo para nuestra cultura en general. Te vamos a extrañar. La charla semanal en tus imperdibles columnas [de LA NACION], tu presencia en la sala... Por cada platea que se honró con tu presencia ahora te aplaudo."

Ernesto Schoo no se quedó solamente dando testimonio y cuestionando a la producción artística de sus pares generacionales. Un comentario escrito por el director, actor y dramaturgo Alejandro Tantanian sirve como ejemplo de la innumerable cantidad de puentes que entabló a lo largo de sus tiempos. "Ernesto supo leer una obra mía, Sumario de la muerte de Kleist, y darme -por eso- la oportunidad única de ganarme la añorada beca de la Fundación Antorchas para estudiar con mi admirado Ricardo Monti. Y luego, cuando asumió como director del Teatro San Martín, dio a conocer ese texto al público dirigido por Alejandro Ullúa. Y todo eso fue el principio de tanto. Ernesto Schoo en el principio de las cosas, en el principio de mis cosas."

Tantanian en estos momentos está dirigiendo el musical Todo vale . Allí trabaja Martín Salazar, uno de los fundadores de la banda de teatro Los Macacos. A los pocos minutos de publicarse el texto que escribió Tantanian, Martín agregó: "Y en el principio de mis cosas, también. Él abrió las puertas del San Martín para que estrenemos La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi , espectáculo con el que tuvimos reconocimiento en el mundo".

En esa sala actualmente se está presentando El crítico , un texto de Juan Mayorga dirigido por el español Guillermo Heras. Guillermo, en su muro, escribió. "Fue un hombre de teatro que desde detrás de las bambalinas supo analizar su práctica." El crítico trata sobre el encuentro de un dramaturgo con un crítico de teatro. Volodia es el crítico. Scarpa, el autor que llega a su casa después de haber estrenado un espectáculo que él va a analizar para un periódico. Volodia, en algún momento de una densa noche, le dice: "Del teatro espero la verdad. ¿De qué sirve el teatro si no pone ante nosotros aquello que nos ocultamos? ¿De qué sirve si también él se entrega al enmascaramiento del mundo?".

En verdad, desde la primera vez que vio a Scarpa en escena lo que Volodia espera siempre de él es que lo sorprenda. La última oración de la última columna que publicó Ernesto Schoo en estas mismas páginas (la misma columna en la que nombraba a Tantanian) terminaba así: "Dispongámonos a sorprendernos".
Fuente y más información: www.lanacion.com.ar



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"BUENAS NOCHES, DULCE PRÍNCIPE"

"Estoy muy conmovido con la noticia. Siempre me impresionó su buena escritura a través del periodismo y sus críticas. Una vez me contó que tenía una comedia escrita que todavía no se había editado, frente a lo cual yo le pedía que me la prestase para pegarle una mirada. Finalmente me la dio. El material tenía esa escritura tersa y ese refinamiento excepcional que lo definía a Ernesto. Me parecía increíble que no pensara en publicarla. De ahí en más, con intervalos, nos fuimos viendo.

"Él fue responsable de que estrenara como actor El reñidero , de Sergio De Cecco, porque me acercó la obra y me pidió que la aceptara. Nunca me arrepentí de ese proyecto. Cada tanto nos seguíamos viendo, pero con cierta distancia. En los últimos años la amistad pasó a tener una serie de encuentros mucho más periódicos. Ernesto es el exponente de un estilo humano, de una profundidad en sus observaciones y de una amplitud en sus intereses absolutamente en vías de extinción. Ese tipo de erudición infinita estaba mezclada con un humor exquisito. Era un ser entrañable y sin reposición."

SERGIO RENÁN // Actor, director, ré gisseur

"Lo conocí desde su época en Primera Plana. Sin ser amigos, compartí miles de circunstancias a partir de gente amiga en común, como Renata Schussheim y Mujica Lainez. Siempre me impresionó su inteligencia, su pensamiento. Así como admiraba su fuerza, me llamaba la atención su gran fragilidad. Hay otro aspecto que siempre me generó una especie de enorme misterio: su soledad voluntaria."

OSCAR ARAIZ // Coreógrafo

"Quiso el destino que por estos días se cumplieran 30 años desde que, con quien es ahora mi marido, el periodista Jorge Luis Montiel, y yo lo conociéramos en la confitería de Callao y Córdoba. El deslumbramiento fue total por su caudal de cultura, bonhomía y educación. Enseguida nos frecuentamos casi diariamente. Nos llevó al teatro e introdujo al mundo de la ópera, compartimos largas cenas y, como le gustaba llamarlo, a la manera sajona, unos high teas en su casa. Nos dedicó la novela, bastante pícara y erótica, El placer desbocado, porque lo impulsamos a escribirla.
"Él consideraba la frase de Horacio, en Hamlet , cuando llora ante su amigo muerto, la más bella despedida del teatro mundial: «Buenas noches, dulce príncipe; que coros de ángeles arrullen tu sueño». Despido a un amigo, a un padre, a un maestro de vida como fue para todos el querido, inolvidable e irreemplazable dulce príncipe Ernesto Schoo."

ALEJANDRO ULLÚA // Autor, director, ré gisseur

"En 1994, o 1995, ya no lo recuerdo, monté un espectáculo que se llamó La espuma . Se presentaba en el lavadero de Espacio Giesso y no entraban más de 30 personas. Ahora estamos acostumbrados a propuestas de ese tipo, pero en aquella época era una rareza. Sin embargo, una noche vino a ver la obra, lo cual fue un verdadero honor. Con el tiempo fue una especie de padrino de mis primeros trabajos. De hecho, me gané la beca de la Fundación Antorchas que me permitió estudiar dos años en Nueva York gracias a él. El modo en el que me enteré de esa noticia habla a las claras de su estilo.

"Una noche, nos encontramos en el hall del Teatro San Martín. Me preguntó cómo andaba. Yo le conté que estaba actuando en tal obra y que seguía estudiando con Alejandra Boero. Él acotó: «Y ganando becas». Yo me quedé... Al otro día a la mañana llegaba la información oficial de mi beca en el Instituto de Lee Strasberg."

LUCIANO SUARDI //Actor, director

"A Ernesto lo conozco de, por lo menos, la década del ochenta. Para esa época, con Jaime Kogan y Ariel Goldenberg queríamos llevar al cine su novela El baile de los guerreros. Era nuestro sueño. No pudimos hacerlo seguramente porque salía mucha plata, pero es una novela que poca gente conoce y que se merece su versión en cine.

"Durante todos estos años como crítico le tenía mucho aprecio y sumo respeto. Luego, cuando él fue director del Teatro San Martín, nos volvimos a ver porque para esa época trabajé en Seis personajes en busca de autor , con dirección de Jorge Lavelli. Ernesto era un hombre elegante, refinado. Un hombre con secretos, ni vulgar ni banal. Un hombre con discreción, te diría. Por eso creo que su pérdida es como la pérdida de una época."

RITA CORTESE // Actriz, cantante

Fuente y más información: www.lanacion.com.ar




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Una mirada fuera de lo común


Ernesto fue de mis más íntimos amigos y un ser brillante, y no con brillo del que copa las conversaciones; al contrario, había que vincularse íntimamente para conocer su brillantez porque no hacía gala de sus conocimientos. Si vos no le preguntabas, él no te decía: “¿Querés que te hable de los cuadros de El Prado?”. Pero te explicaba todo: veías las cosas con sus ojos sabios, era una mirada fuera de lo común.

Cualquiera que haya leído sus columnas en La Nación sabe que eran una especie de joya porque siempre se acordaba de un dato, sabía algo, y no era que buscaba en Google porque no le hacía falta. En sus escritos brindaba su conocimiento y todo estaba relacionado con todo. No conocí a nadie con esa capacidad de relacionar el mundo.

Yo venía diciendo, entre mis amigos, “el día que Ernesto no esté, no sé qué vamos a hacer”. Bastaba una llamada telefónica para completar una duda: le preguntabas cómo se llamaba una película y te contestaba quién la dirigía, quién bailaba, quién hizo la música. Ernesto fue una especie de Leonardo Da Vinci, un hombre que no se limitaba a una sola disciplina.

Por Natu Poblet Librera
Fuente y más información: www.clarin.com



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Un puente entre la obra y el espectador

La esponja que lo absorbía todo, “un bicho de ciudad” que creció rodeado de libros y siempre cultivó enfáticamente una curiosidad ilimitada, una elegancia y un refinamiento que deleitaron a miles de lectores, un día redescubrió el campo. Los primeros quince años de su vida pasó las vacaciones en una estancia en Pergamino, fundada por su bisabuelo en 1856. “Todas las cosas importantes de la vida, el encuentro con la muerte, el encuentro con el sexo, con el amor, fueron en el campo –revelaba Ernesto Schoo en una entrevista con Página/12–. Ahí aparece la siesta, un momento particular en el que no nos dejaban salir porque era ‘la hora de las víboras’. Uno estaba metido en ese caserón de techos altísimos, paredes gruesas y una enorme biblioteca a mi disposición. 

Me acuerdo de que a la hora de la siesta escuchaba el canto de la paloma de monte, un canto tristísimo y melancólico. Muchos años después, en un poema de Silvina Ocampo, me encontré una línea que decía algo así como ‘torcazas cantando en el vestíbulo de la muerte’, y entonces entendí que lo que sentía en el campo a esa hora era un sentimiento de muerte: afuera estaban el sol, tal vez las víboras, y estaba esta tristeza agradable que me sigue resonando hace más de sesenta años.” Ahora, releídas estas palabras, emerge esa tristeza inevitable de la pérdida. 

El escritor, crítico de cine y de teatro, traductor y guionista, murió ayer a los 87 años.
“Al amparo ‘del todo vale’ posmoderno, ya no hay una preceptiva estricta que separe los géneros y las nuevas técnicas audiovisuales abren perspectivas inéditas. Dispongámonos a sorprendernos.” Así termina la última columna que publicó, el miércoles 12 de junio pasado, en la sección espectáculos del diario La Nación. El teatro fue el aire que respiró desde el hogar. Schoo nació el 12 de octubre de 1925 en una casa donde había muchos libros de teatro, clásicos españoles como Cervantes, Garcilaso, Pérez Galdós y Quevedo, entre otros. Sus padres eran muy teatreros y solían repetir versos que el niño, muy pronto, aprendió de memoria. Aunque ingresó a la Facultad de Derecho, se empezó a aburrir de una manera horrorosa. El mundo de las leyes no tenía nada que ver con la exquisita sensibilidad del joven Schoo. Luego probó con Filosofía y Letras, pero el trabajo que había conseguido en la Aduana conspiró contra la cursada de la carrera. Su cuna periodística empezó en La Gaceta de Tucumán, donde escribió en el suplemento de libros a partir de 1948. Este itinerario periodístico se prolongaría en diversos diarios y revistas como La Razón, Vea y Lea, Sur, Primera Plana, La Opinión, Convicción, Tiempo Argentino y Noticias, entre otros. Como jefe de la sección de arte en Primera Plana realizó la primera entrevista que se publicó en un medio argentino a Gabriel García Márquez.

Una artimaña de Manuel Mujica Lainez le permitió el acceso a La Nación. “Resulta que un buen día se va de viaje, él era el crítico de plástica del diario, y entonces le anuncia a la dirección que Ernesto Schoo lo reemplaza. Yo ni pertenecía al diario, pero La Nación dijo que sí”, recordaba Schoo, amigo de Manucho y guionista de la película De la misteriosa Buenos Aires (1981), tres episodios basados en el libro homónimo de Mujica Lainez. Del mismo autor adaptó para la televisión los relatos “El dominó amarillo” y “El coleccionista”. Tradujo obras de Henry James, Franz Kafka y al argentino Héctor Bianciotti, que escribía en francés. Entre los libros que publicó se destaca la colección de cuentos Coche negro, caballos blancos (Ediciones de la Flor, 1988), varias novelas como Función de Gala (1976), El baile de los guerreros (1979) –traducida al francés en 1987–, El placer desbocado (1988, Premio del Club de los XIII a la mejor novela del año) y Ciudad sin noche (1991); el ensayo Pasiones recobradas (1997, además de sus memorias de infancia, Cuadernos de la sombra (2001).

Schoo fue director artístico del Teatro San Martín entre 1996 y 1998, obtuvo la Beca Guggenheim, tres premios Konex, fue reconocido como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno francés y, en 2012, fue nombrado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña. Era miembro emérito de la Academia Nacional de Periodismo Argentino, miembro honorario de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina y miembro pleno de la Asociación de Cronistas del Espectáculo. 

El año pasado redactó una especie de código de ética, sin otro ánimo que el de condensar una experiencia de más de medio siglo. “El comentarista periodístico cumple una modesta función social y cultural: ser un puente entre la obra y el espectador –escribió a modo de lección y legado–. Con todas las limitaciones que la fugacidad periodística le impone y sin creerse que el mundo gira alrededor de su opinión. Que, como decía Platón, es meramente doxa, esto es, impresión al paso, y no episteme, o sea, conocimiento a fondo, reservado a la crítica académica.”
Por Silvina Friera

Fuente y más información: www.pagina12.com.ar









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El intelectual que tenía una erudición renacentista

El periodista, escritor y crítico Ernesto Schoo falleció a los 87 años en la mañana de ayer. Se encontraba internado en el Cemic y había sufrido un accidente cerebrovascular en las últimas semanas, de acuerdo a lo informado por el diario La Nación –donde trabajaba como columnista de Espectáculos desde 1997– y la agencia Efe. Antes, según indicaron sus familiares, había sido internado a raíz de una quebradura de cadera y, desde entonces, su salud había desmejorado.

Schoo nació en Buenos Aires el 12 de octubre de 1925. Fue académico de la Academia Nacional de Periodismo Argentino y miembro honorario de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.

Escribió en diarios como La Opinión y Convicción. A su vez, fue jefe de Artes, Espectáculos y director del Suplemento Cultural de los diarios Tiempo Argentino y La Razón. También estuvo vinculado con revistas como Primera Plana, Panorama y Noticias. Como jefe de la sección de arte en Primera Plana, realizó la primera entrevista que se publicó en un medio local a Gabriel García Márquez. Aunque la entrevista se realizó en México en 1966, se publicó aquí en 1967, de manera paralela al lanzamiento de Cien años de soledad. "Las fotos también las saqué yo. Gabo posó con una campera que, según decía, era la de ‘salir en las fotos’. Parece que con esa foto la gente se hizo la idea de que era más alto de lo que era verdaderamente", le comentó en una entrevista televisiva al poeta Horacio Salas.

Antes de convertirse en periodista, estudió un año de Derecho y de manera paralela empezó a trabajar en la Aduana hasta que finalmente recaló en Filosofía y Letras. Mientras tanto, a partir de 1950 empezó a realizar colaboraciones para la Gaceta de Tucumán; primero de reseñas de libros y luego también crítica teatral. "Cuando yo era bachiller no sabía qué hacer porque lo que me gustaba a mí era lo que no se debía hacer: me gustaba el teatro, me gustaba la pintura, los libros. Y por suerte pude afirmarme en ese camino", le contó a Salas.

Su aportación principal al mundo del espectáculo fue su labor como guionista de la película De la misteriosa Buenos Aires, basada en el libro homónimo de Manuel Mujica Láinez y dirigida por Oscar Barney Finn en 1981. A esto se suman las adaptaciones televisivas de los relatos El dominó amarillo y El coleccionista, también de Mujica Láinez. Además, durante los '60 también compuso canciones. En cuanto a esta situación, que duró apenas un tiempo, relató: "Yo vivía a dos cuadras del Di Tella y una vez la fui a ver a Nacha Guevara, una chica que por entonces era flaca, dientuda, nada que ver con ahora. En ese momento no me gustaron sus canciones porque me parecían algo monótonas. Entonces ella me enfrentó y me dijo: ‘bueno, escribime algo vos’. Así que escribí un tango en broma llamado El colmillo, protagonizado por una vampira, y una milonga que aludía a la manía de cortarle el pelo a los melenudos en la época de Onganía que se llamaba La doble cero. Y también le escribí a Nacha una sobre la censura en un tono más serio, que se llamaba Anastasia querida. Se me ocurrió porque los franceses a la censura le decían 'la tía Anastasia'. Luego hice una canción llamada A los cuarenta para Cipe Lincovsky y después no escribí más canciones."

Fue columnista de arte y espectáculos en los programas de televisión Desayuno y América en vivo, entre otros. Durante cuatro años, condujo junto a Jorge Luis Montiel un ciclo de cable llamado Las Musas. Allí fueron entrevistadas figuras de la cultura nacional como Amelia Bence, Alejandra Boero, Guillermo Roux, Leonie Rysanek, José van Dam, María Rosa Gallo, Hildegard Behrens e Inda Ledesma. Todas esas entrevistas forman parte del acervo documental que puede consultarse en el Centro de Documentación de Teatro y Danza del Teatro San Martín, aunque todavía se encuentran en proceso de digitalización.

Schoo tradujo obras de Henry James, Franz Kafka y Héctor Bianciottio, tro autor argentino fallecido recientemente y que escribía en francés. Además publicó la colección de cuentos Coche negro, caballos blancos (1989) y varias novelas entre las que destacan El baile de los guerreros (1979) –que también fue traducida en Francia–, El placer desbocado (1988, Premio del Club de los XIII a la mejor novela del año), Ciudad sin noche (1991) y Pasiones recobradas (1997). En 2001 y bajo el título Cuadernos de la sombra (una evocación a un poema de su amigo Juan Rodolfo Wilcock, según comentó), publicó también sus memorias de infancia.

Con su cuento "En la Isla", en 1956 ganó el premio literario más importante hasta entonces otorgado en el país, auspiciado entre otros por la Sociedad Argentina de Escritores.
Entre 1996 y 1998 fue director general y artístico del Teatro San Martín, donde se estrenaron, por primera vez en un ámbito oficial, obras de Javier Daulte y Alejandro Tantanian; regresaron a dirigir en el país Jorge Lavelli, Alfredo Arias y Daniel Suárez Marzal, debutaron los directores Alberto Félix Alberto y Alejandro Ullua y la joven actriz Mía Maestro (actualmente radicada en Hollywood). Además, se realizó la primera edición del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea que sigue vigente hasta el presente.
Fue Caballero de la Orden y de las Artes y las Letras del Ministerio de Cultura de Francia, y Oficial de la Orden al Mérito de la República de Italia. También fue vocal del Fondo Nacional de las Artes.

En 2012 fue reconocido como Personalidad Destacada de la Cultura por la legislatura porteña. «
Fuente y más información: http://tiempo.infonews.com/
 

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