domingo, 24 de febrero de 2013

GERMAN, ULTIMAS VIÑETAS, EN MARZO POR LA TV PUBLICA


Un maestro hasta en el ocaso

La serie muestra un costado poco conocido de Héctor Germán Oesterheld, el de los años de trabajo y militancia previos a su desaparición. Miguel Angel Solá interpreta al autor de El Eternauta en la historia con guión de Luciano Saracino y producción de Carlos Silva.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/8-27903-2013-02-24.html
Por Emanuel Respighi 
La vida y obra de Héctor Germán Oesterheld ha sido retratada en muchísimas oportunidades, en distintos formatos. La mayoría de los abordajes se centró en su enorme talento artístico, que lo catapultó como uno de los mayores historietistas de la historia, con El Eternauta como obra maestra del género. Algunas, también, hicieron foco en la tremenda historia personal de un hombre que dio su vida por sus ideales como jefe de prensa de Montoneros y fue desaparecido por la última dictadura, que también hizo lo propio con sus cuatro hijas, dos yernos y cuatro nietos (dos de ellos recuperados). Sin embargo, pocos acercamientos se preocuparon por reflejar los años de trabajo y militancia de Oesterheld previos a su desaparición, cuando el autor tuvo que trabajar a disgusto en editoriales como Columba y Récord, que tenían una línea editorial opuesta a su manera de pensar el mundo y la Argentina, pero que le permitieron sobrevivir. 
De esos años, que transcurren entre 1971 hasta su desaparición en 1976, trata Germán, últimas viñetas, la serie de trece capítulos que Canal 7 estrenará en marzo, con Miguel Angel Solá interpretando al genial autor argentino. Seleccionada del Concurso de series de Ficción para Productoras con antecedentes del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales Digitales 2011 –llevado adelante por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) juntamente con el Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre (Satvd-T)–, Germán, últimas viñetas transcurre en los setenta, momento en el que Oesterheld comienza a trabajar para Columba, una de las editoriales de historietas más importantes de la época, que simpatizaba con el poder militar y religioso. 
La miniserie, dirigida por Cristian Bernard y Flavio Nardini (76 89 03, Regresados), contará la cotidianidad del maestro en el seno de una editorial que tenía la particularidad de que los malos siempre eran los “indios”, los “cubanos”, los “otros”. 
“Los concursos del Incaa te dan la posibilidad de pensar historias que no se hayan contado. No estamos hablando de las típicas historias de chico conoce chica y se genera el amor eterno cruzado de problemas. Hay una búsqueda de historias nuevas. Uno, que trabaja buscando historias, celebra estos concursos, porque además exigen más sobre qué y cómo contarlo”, le explica a Página/12 Luciano Saracino, guionista de la serie. 
“Habíamos hecho La nada blanca, que fue un policial que transcurrió en la Antártida. Después de eso decidimos contar algo relacionado con la historieta argentina, que es un medio que fue tremendamente masivo y del que poco a poco fue desapareciendo su lugar en la Argentina. Y como Oesterheld fue un autor fundamental de la historieta mundial, con una trágica historia detrás, decidimos abordar parte de su vida”, se suma Carlos Silva, productor de la miniserie que en breve verá la luz en la TV Pública.
 –Recién hablaban de que los concursos del Incaa abren otras posibilidades. 
¿Cuál fue el riesgo que llevaron adelante con esta serie? 
Luciano Saracino: –El riesgo era abordar a Oesterheld desde el lado de El Eternauta u Hora cero, que es lo esperable. Contamos su historia cuando tuvo que laburar para poder ganarse el puchero, en el ocaso de su vida. Retratamos a Oesterheld ya de anciano, con sus editoriales fundidas y cuando su época de oro sólo era un recuerdo. Es una etapa de su vida que no está muy abordada, en la que Oesterheld tuvo que trabajar a destajo en editoriales ventajistas, cuyos dueños opinaban lo contrario de lo que él transmitía a través de sus historietas. Si Oesterheld fue un cultor de la idea de que el mal no era el hombre sino la guerra, que el malo podía estar en cualquier bando, tuvo que rebuscárselas para trabajar en editoriales donde los malos eran los indios, los cubanos o los extraterrestres. Y no sólo eso: mientras entraba en la clandestinidad, Oesterheld tenía como compañeros a comisarios y a miembros del Opus Dei.
Carlos Silva: –La serie se plantea la pregunta “¿qué pasa con un tipo que se jugó la vida por un ideal, trabajando para una editorial que jugaba para el enemigo?”. De hecho, el primer camión que salía de Columba con revistas iba hacia el Ejército. La editorial se las daba gratis para que los soldados se entretuvieran. 
L. S.: –La ficción no hace referencia directa a una editorial en particular. Pero Columba era una editorial retrógada, pero que dentro de su filosofía publicó obras maravillosas, como Pepe Sánchez, Dago el esclavo, Nippur de Lagash, Mi novia y yo, Gilgamesh el inmortal... Pero eran editoriales en que la bajada era que los buenos eran los milicos y los males, cualquier minoría.
 –¿Por qué la importancia de contar esa parte de la vida de Oesterheld? 
L. S.: –Corremos a Oesterheld del lugar de héroe. Si bien la historia se centra en su figura, contamos su historia desde el ocaso y mostrando las dificultades humanas, económicas e ideológicas que tuvo que enfrentar. Y eso tiene que ver con que el mismo Oesterheld creía en el héroe grupal, no individual.
C. S.: –La historia cuenta, además, cómo desde el ocaso logró modificar su entorno. Dentro de esas editoriales en las que no congeniaba con nadie desde lo ideológico, él sin embargo logró elevar la calidad de los guionistas y dibujantes. Que Oesterheld ingresara a esas editoriales provocó que los pibes se sintieran “amenazados” artísticamente por el maestro, generando una relación amor-odio muy intensa. Y se dio una cosa muy curiosa en el set: el guión planteaba un conflicto interno entre guionistas jóvenes y el maestro, que luego se replicó naturalmente entre los actores y Miguel Angel Solá. Ese maestro que llegaba a la editorial terminó siendo el mismo Solá que volvía de España. La realidad y la ficción se entremezclaron. Solá es una suerte de Oesterheld, en el sentido de que piensa a otro nivel.
 –¿Oesterheld era consciente del contexto en el que estaba y trabajó en él con el fin de luchar por sus ideales? 
L. S.: –Hay muchas teorías. En algunos reportajes que da en aquellos años, Oesterheld responde a las críticas sobre trabajar en esas editoriales opuestas ideológicamente a que se siente muy cómodo porque en esos lugares le permitían escribir novelas semanales. A diferencia de sus guiones propios, en esos años escribía una cantidad bestial de textos, ya que eran historietas con mucho texto. Esa particularidad, decía, lo obligaba a escribir de un modo que no era el propio, y eso lo motivaba mucho. Laburar para el enemigo era un desafío. Hay una teoría conspirafóbica, también, que a mí me seduce muchísimo, que dice que Oesterheld aceptó trabajar en Columba porque tenía la mejor distribución y llegaba a todo el país, lo que le permitía enviar “mensajes” a compañeros montoneros de cualquier rincón del país. Lo cierto es que Oesterheld nunca blanqueó un objetivo así, si es que lo hubo.

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