sábado, 23 de enero de 2010

“Descubrí un mundo dentro de otro” Entrevista al cineasta y escritor Martín Rejtman

No hay en Copacabana, su primer documental, ni playas ni tangas, sino calles de Liniers y Mataderos. Rejtman da cuenta de una tradicional celebración religiosa de la comunidad boliviana pero, más que el desfile en sí, elige mostrar lo que hay detrás de la ceremonia.


Por Horacio Bernades



¿Quién hubiera pensado que Martín Rejtman filmaría algún día un documental? Escritor de ficciones, reconocido autor de elaboradas tramas cinematográficas, más allá de un proverbial detallismo en la observación no parecía haber, en los mundos redondamente artificiales en los que películas como Rapado, Silvia Prieto y Los guantes mágicos tenían lugar, nada que vinculara a su creador con el afuera y la voluntad de documentarlo. Sin embargo, sí era perfectamente imaginable que, en caso de filmar Rejtman algún día un documental, ese documental debería ser, necesariamente, del estilo “mosca en la pared”, con una cámara observando desde una posición fija, que le permitiera establecer, en relación con el objeto de observación, una forma de empatía a distancia. Debía ser sumamente lacónico, tanto en imágenes como en música y palabras. Rejtman terminó filmando ese documental, que se presenta a partir de hoy en el Auditorio de la Fundación Proa, inaugurándose así como sala de exhibición cinematográfica.
El documental de Martín Rejtman se llama Copacabana y se había proyectado tres años atrás en el Bafici, donde generó encendidos entusiasmos cinéfilos. A pesar de lo que el título pueda llevar a suponer, no hay en Copacabana playas, sungas o tangas, sino calles de Liniers y Mataderos. Sobre el final, sí, una frontera, pero no con Brasil sino con Bolivia. Es que Nuestra Señora de Copacabana es la Virgen que la comunidad de ese país ha elegido como patrona. El documental de Rejtman, filmado, en tiempos pre-Macri por encargo del canal Ciudad Abierta, tiene por tema la fiesta de Nuestra Señora de Copacabana, que se celebra todos los años en el mes de octubre, durante dos domingos consecutivos. Los grupos participantes ensayan largamente sus coreografías, para las que por otra parte se engalanan con el brillo de una escola do samba.
Tal como confiesa en la entrevista que sigue, a Rejtman el desfile –que, se suponía, debía ser el tema del documental– le interesaba menos que lo que estaba atrás. No sólo la preparación, los ensayos, sino lo que tal vez fuera la esencia misma de la comunidad boliviana en Argentina. Para ello terminó viajando hasta el origen mismo de su recorrido: la frontera entre las ciudades de Villazón y La Quiaca. Allí por donde todos los días ingresan nuevos migrantes.
–Este es su primer documental. ¿Cómo llegó a él?
–Por un encargo del canal Ciudad Abierta. En 2006 tuvieron la idea de encarar una serie de documentales sobre los eventos que se llevan a cabo periódicamente en la ciudad de Buenos Aires. La peculiaridad era que no se los encargaron a documentalistas “de profesión”, digamos, sino a realizadores de lo que antes se llamaba Nuevo Cine Argentino. Me refiero a Lisandro Alonso, Albertina Carri, creo que también estaba Lucrecia Martel.
–¿Y qué pasó con los otros documentales?
–No llegaron a filmarse, porque en el medio hubo un cambio de administración del canal y el proyecto quedó archivado para siempre. Esas cosas que suelen pasar acá.
–¿El suyo es el único que se emitió?
–No, nunca se emitió. Habíamos firmado un contrato que le daba prioridad de exhibición al canal por un año. Me llamaron después de que se cumplió ese plazo para decirme que querían emitirlo. Les dije que no, que ya había pasado. Me pareció una chantada.
–¿Eso fue para poder darlo en el Bafici?
–No, en el Bafici podía darlo igual por más que después lo emitiera el canal.
–¿Lo de la virgen de Copacabana era una de las opciones que le presentaron o se le ocurrió a usted?
–No, venía en el punteado que me pasó la gente del canal. Otros temas eran River-Boca, la celebración del día de la primavera, la marcha del orgullo gay...
–¿Por qué eligió la fiesta de Copacabana?
–Porque me daba la posibilidad de descubrir un mundo dentro de otro. Es una Buenos Aires que en general los porteños no conocemos. Ni yo mismo. Me daba la posibilidad de descubrir algo nuevo, algo de lo que no sabía nada. Aunque, bueno, siempre se puede descubrir algo nuevo, incluso en lo que uno conoce. Supongo que se podría filmar un documental sobre River y Boca que no repitiera todo lo que ya se sabe.
–Esa voluntad de descubrimiento, de aventura, parece ir en contra del mito que dice que usted es un tipo que está como metido en su propio mundo, que filma siempre el mismo mundo.
–Es que eso no es tan así... A mí me encanta viajar. Me gusta ir a lugares desconocidos. De hecho, ya de entrada se me ocurrió la idea de ir a la frontera, para ver cómo era ese lugar de tránsito, donde la gente que quiere pasar tiene que esperar horas, sufrir humillaciones...
–Sin embargo, cuando usted muestra la frontera no muestra nada demasiado dramático.
–No, porque quería ver las cosas desde cierta distancia. Muestro, sí, la requisa de un ómnibus. Esa toma es la única que hicimos con cámara oculta. Nos bajamos del ómnibus y dejamos la cámara en el último asiento. Así que el policía que hace la requisa nunca supo que estaba siendo filmado. Igual, la cámara oculta es un recurso del que no quise abusar.
–Más que oculta, la mantiene siempre a cierta distancia, ¿no?
–Sí, pero yo siempre filmo así. A mí me gusta encontrar, en cada escena, el lugar en el cual pueda poner la cámara y filmar todo desde ahí. Es una cuestión de economía narrativa.
–Sin embargo, empieza la película con una serie de travellings laterales, separados por cuadros negros, que muestran los puestos de la feria una vez que la fiesta terminó.
–Sí, lo filmé así para poder mostrar el lugar. Muestro lo mismo, antes y después de la fiesta.
–A propósito, esos travellings, y los cuadros negros que los separan, recuerdan los de una de las primeras películas de Jim Jarmusch, que en una época fue todo un referente para usted.
–Puede ser, pero cuando lo hice no pensé: “Esto lo voy a filmar como Jarmusch en Stranger than Paradise o Down By Law”. Pensé cómo resolver lo que quería mostrar y se me ocurrió que ésa era la mejor manera. Uno nunca sabe por dónde le va a salir aquello que asimiló.
–Igual, de la fiesta en sí muestra poco y nada.
–Sí, porque me parecía lo menos interesante. ¿Qué se puede mostrar de un desfile? El desfile y nada más. Me interesaba más mostrar lo que está detrás del desfile. O antes.
–De allí que muestre escenas propias de la vida cotidiana de los miembros de esa comunidad. Un señor que muestra a cámara su álbum de fotos, o la señora que habla por teléfono con la familia, desde un locutorio.
–Exacto. La escena del locutorio era una de las que de antemano sabía que quería filmar. Igual le aclaro que filmé la película sin un plan previo. La película se fue armando durante el rodaje. Durante el montaje, incluso. Fue en el montaje donde se me ocurrió contar la historia al revés.
–Empezar por el desfile e ir retrocediendo, hasta llegar a la frontera, donde todo empieza.
–Exacto. Eso me pareció mucho más interesante, porque si no la película hubiera sido una línea que iba a parar al momento del desfile. Como si eso fuera el sentido del asunto. Y a mí me parece que el desfile en sí no es tan importante.
–Lo de filmar improvisando también va en contra de la idea extendida de que usted es muy obsesivo, que planifica hasta el último detalle.
–No es tan así. Trabajo el guión durante mucho tiempo, sí. Pero eso no quiere decir que no cambie de planes sobre la marcha, si descubro algo que no había previsto y me parece bueno. Aparte, una cosa es una película de ficción y otra, un documental. Se supone que cuando se filma un documental siempre va a haber imprevistos, y conviene estar atento a eso.
–A propósito, ¿le interesa el género, o considera a Copacabana algo así como una experiencia anómala?
–Me interesa el género. De hecho, cuando estudié en Estados Unidos, antes de filmar mis primeros largos, a lo que más le saqué el jugo fue a un curso sobre documentales. Creo que fue cuando más pensé sobre cine. De hecho, me parece que fue la última vez que pensé algo sobre cine. Después me puse a hacerlo y dejé de pensarlo.



* Copacabana se exhibe hoy y los sábados 30 de enero y 13 de 20 de febrero, siempre en el horario de las 19, en el auditorio de la Fundación Proa, Pedro de Mendoza 1929. Entradas: $10. Estudiantes: $ 8.


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